Cómo empezó todo
Del viernes 11 al domingo 13 de septiembre de 2026, doce compañeros nos fuimos al Cortijo El Cortijuelo a desconectar. Spoiler: pasaron más cosas de las que caben en un grupo de WhatsApp, así que aquí queda todo, por si alguien pregunta el lunes en la oficina.
Fuimos en cinco coches (uno de ellos con una cerradura especialmente poco colaboradora), cargamos varias sartenes de tamaño industrial y una cantidad de cerveza que, al principio, resultó gravemente insuficiente.
Esta web recoge, día por día, las pruebas gráficas que fuimos recopilando entre todos. Se ruega discreción: lo que pasa en el cortijo, en la memoria de doce personas y esta página queda.
Quién es quién
El precursor de todos los planes: el primero en proponer actividades y un organizador experto donde los haya.
Recién comprado un piso en Granada, su cerradura decidió no colaborar. Coche número cinco, llegó de madrugada.
Durmió en el sofá del salón y amaneció el domingo rodeado de gatos. Desde entonces, El Señor de los Gatos.
Tenía el menú entero planificado antes de salir de casa. Autor intelectual del pollo al curry que ya es leyenda.
Padre de Bernardo. Última incorporación de imprevisto: se apuntó al rafting en el último momento.
Hijo de José Manuel. Receptor, sin previo aviso, de un vaso lanzado desde la piscina.
Cumple años el 16 de septiembre y no se libró de la tarta sorpresa. Padre de Julia.
Hija de Julio. Testigo de excepción de la tarta… y el punto joven de la reunión.
Novia de Julio: este finde se hizo oficial ante todos los compañeros. Organizadora en la sombra de la tarta, las velas y los regalitos.
Maestro parrillero titulado por la práctica. DJ autoproclamado, repertorio Mago de Oz y similares, no negociable.
Especialista en saltar vallas cuando lo urgente es meter el hielo en la nevera.
Pinche de cocina del viernes. Redactora, con toda objetividad posible, de estas páginas.
La crisis de la cerveza caliente
Salida en cuatro coches (el quinto, el de Ramón, tardaría lo suyo: ver ficha de personal). El equipo de avanzadilla —Fran, Eduardo y Rocío— paró en el pueblo a tomar algo y ahí llegó el primer drama del finde: semanas planificando comida, planes y casa, y ni una sola cerveza fría en el maletero.
Se compraron cuatro. Duraron lo que dura una promesa de verano. El resto de la noche se bebió cerveza tibia, con la técnica de emergencia de papel mojado y congelador, mientras Paterna —ya instalado como Chef oficial de la casa— sacaba adelante papas alioli, tortillas y un pollo al curry que, sin exagerar, fue el éxito indiscutible del fin de semana.
Cinco o seis manos se turnaron pelando papas; Rocío hizo de pinche. Se cenó, se bebió caliente igualmente, y se bailó. Fran trajo los altavoces con una única idea musical (Mago de Oz); Antonio Luis dictaminó que aquello «no era para bailar». Tras una votación de urgencia, ganó el repertorio de toda la vida: la Macarena, No rompas mi pobre corazón y compañía. Hay pruebas en vídeo.
- Desabastecimiento total de cerveza fría, pese a semanas de planificación previa.
- Debut oficial de Paterna como Chef de la casa. Sin incidentes, salvo el hambre.
- Disputa musical resuelta por votación democrática. Mago de Oz, derrotado.





El asedio de la valla
Por la mañana, expedición de senderismo a Cuevas Bajas para todos menos cuatro: Paterna, Fran, Bernardo y Rocío, que se quedaron en la casa hasta el mediodía y luego salieron a por provisiones y una cervecita tranquila en un bar del pueblo. Justo entonces llegaron los senderistas —sin llave, porque la llave la tenían los del bar— y, en vez de unirse a la ronda, se plantaron directamente en la puerta de la casa a esperar.
Ahí empezó el asedio: hielo comprado, sol de justicia y cuatro personas sin llegar. Los sitiados mandaron pruebas de vida en forma de fotos de un vermut y un tirador de cerveza, que era, literalmente, a lo que se dedicaban. Eduardo y David, mientras tanto, saltaron la valla —oficialmente para guardar el hielo en la nevera de fuera— y de paso se quedaron de cerveza y chapuzón en la piscina hasta que llegó el resto. Recibimiento: una lluvia de aceitunas de los árboles de alrededor.
Con todos ya dentro, arroz ibérico al mando de Paterna y Ramón de pinche, mientras el resto se repartía entre piscina, futbolín, dominó y cartas. Por la tarde, Laura le dio una sorpresa a Julio por su cumpleaños cercano: tarta, velitas, regalitos y el cumpleaños feliz cantado a pleno pulmón. Antes de eso, crónica menor: David repartiendo gominolas a la piscina a modo de pesca deportiva, y un vaso volador con destino Bernardo.
Por la noche, barbacoa a cargo del especialista Fran, cena larga, cartitas y vino gallego hasta que el sueño pudo más —algo antes que el viernes, porque el domingo esperaba el rafting. David, esa noche, optó por el sofá del salón. Amanecería rodeado de gatos.
- Cuatro personas asediadas a las puertas de su propia casa rural durante casi una mañana entera.
- Salto de valla no autorizado, motivado por la conservación del hielo (y, subsidiariamente, por la piscina).
- Bernardo, víctima de la recepción de un vaso por vía aérea sin previo aviso.
- Cumpleaños sorpresa de Julio, ejecutado con éxito por Laura. Tarta sin supervivientes.
- Torneo no oficial de futbolín. Resultado pendiente de recurso.















La guinda del rafting
Amanecer con David rodeado de gatos en el sofá —ya oficialmente coronado El Señor de los Gatos— y, tras el desayuno, ruta hacia el río: todos al rafting menos Paterna, que se quedó guardando la casa. Neopreno, chaleco, casco y al agua, con más risas que técnica de remo, a juzgar por las pruebas gráficas.
Vuelta a la casa sobre las tres de la tarde para dar cuenta de los restos de comida de todo el fin de semana —el pollo al curry, cabe decir, aguantó perfectamente hasta el final— y después, a recoger y a volver a casa, con el finde ya prácticamente cerrado.









Galería completa del rafting
Estas son todas las fotos que nos mandó OcioAventura Cerro Gordo del descenso, sin editar ni seleccionar. Para quien quiera revivirlo foto a foto.
Conclusiones (extraoficiales)
Queda constancia de que el objetivo del viaje —desconectar, comer de maravilla y no matarnos entre nosotros— se cumplió con creces. Hubo un cumpleaños, una relación hecha oficial, un asedio de valla, un pollo al curry histórico y, contra todo pronóstico, ni un solo mueble roto.
Quedan pendientes, para futuras expediciones: comprar la cerveza fría con antelación, negociar una tregua definitiva con el repertorio de Mago de Oz, y averiguar qué hacían exactamente esos gatos en el sofá de David.
Firmado: el Comité de Fiestas —que, a estas alturas, somos todos.